El Protector, Con Denzel Washington

Hay actores que definen un género. Ocurrió con John Wayne y el western; James Cagney, Bogart y Edward G. Robinson con el cine negro, y de un tiempo a esta parte con Denzel Washington y las películas de justicieros. El actor afroamericano parece ser la primera opción en Hollywood para encarnar a tipos duros involucrados en una espiral de explosiones, tiroteos y puñetazos que termina sembrando la pantalla de cadáveres. Quizá no sea el mejor registro del intérprete, pero sí es definitivamente su perfil más conocido entre el gran público. Y lo hace muy bien.

The Equalizer: El protector, film basado en la serie homónima de los años 80 protagonizada por Edward Woodward, brinda a Washington su enésimo papel de hombre rocoso que desempolva las armas para impartir (su) justicia. La coartada aquí es una joven explotada por la mafia rusa, papel que compone con su habitual ristra de mohines Chloë Grace Moretz. Los demás elementos de la trama definen un atrezo tan previsible como estruendoso en el que Antoine Fuqua se limita -que no es poco- a que el ruido no devenga en aburrimiento.

The Equalizer es una cinta a la que técnica, artística y formalmente apenas pueden ponérsele peros. El director de Training Day (2001) rueda con solvencia y tira de sobriedad en las escenas de acción; Washington y Robert McCall, su personaje, se hacen uno desde el primer minuto, y el montaje ensambla brillantemente una sucesión de secuencias que no por esperadas dejan de ser efectivas e impactantes. Género puro y duro. Al fin y al cabo, las fórmulas narrativas colonizaron tiempo atrás nuestro subconsciente y es casi imposible resistirse a sus trampas.

El principal handicap de la cinta es, no obstante, la ausencia de un par de sorpresas que provoquen el aumento de nuestra actividad cerebral. The Equalizer se ve en un suspiro y cumple modélicamente su función como cine de evasión, pero corre el peligro de olvidarse en el mismo lapso de tiempo. Un pecado grave cuando delante de la cámara tienes a un actor que puede con todo. Denzel Washington se toma en serio incluso banalidades como esta, y a cambio es de justicia darle un par de vueltas al guion. No ha sido el caso de Richard Wenk, que erró de la misma manera en los libretos de Los mercenarios 2, The Mechanic y 16 calles.

Quienes esperen una suerte de segunda parte de El fuego de la venganza pueden irse olvidando de cualquier parecido más allá de la presencia de Washington. Tony Scott, pese a sus innumerables vicios como realizador, sabía imprimir a sus películas un aura de nostalgia y desazón que está lejos del alcance de Fuqua.

Robert McCall mata antes por redención personal que por salvar el pellejo a la joven Teri. El Joyhn W. Creasy de aquélla, en cambio, apretaba el gatillo pensando en las víctimas. Un ligero matiz que distingue a las grandes películas de los filmes simplemente correctos. Sin Denzel Washington, probablemente ni eso.

Sarah Jenkins

Sarah Jenkins

Senior Technology Editor & AI Specialist

Sarah Jenkins is a veteran tech journalist with over 12 years of experience covering artificial intelligence, mobile innovations, and digital ethics. Her insights have appeared in leading technology publications worldwide.

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