The Walking Dead 6. Análisis Del Episodio 7

Por fin la respuesta a las dudas que nos llevaban repicando en la cabeza con The Walking Dead ha llegado. Han tenido que pasar unos cuantos capítulos para que por fin se desvele el destino de Glenn. Lo hace en un episodio de tensa calma antes de su despedida hasta el nuevo año que, por sí mismo, destaca en pocas cosas, pero como pieza del engranaje de esta sexta temporada puede anticiparnos nuevas líneas argumentales, más escenas legendarias, mejores historias y que podría servir como la primera piedra de los cimientos de lo que podría ser la mejor entrega de toda la serie. Empezábamos hablando de respuestas, la que desvela la gran incógnita de lo que va de temporada. Aunque desearíamos que fuera la misma serie la que te lo contara, en tus manos queda verlo por tus propios ojos o lee a partir de aquí, eso sí, dentro de territorio spoiler.

Heads Up cumple con la regla de que el séptimo capítulo de temporada de The Walking Dead debe ser la primera nota de la sinfonía del tenso increscendo que, ya convertido en fanfarria de muerte y destrucción, suena hasta el parón invernal. En él se colocan las primeras piezas, se abren las tramas y se establecen las conexiones que se transforman posteriormente en los tan satisfactorios midseason finales. En este caso no es diferente, pero con una salvedad, esta vez nos dan un premio de consolación con el que hacer más llevadero este episodio de tránsito hacia el pirotécnico final: el destino de Glenn.

Era un secreto a voces que el marido de Maggie seguía vivo. Todas las hipótesis decían que el cuerpo de Nicholas se le caía encima, que las tripas que empapaban el rostro desencajado del recolector eran del recién suicidado, que en cuanto Glenn pudiera se metería en el hueco del contenedor y que, desde ahí, como el sheriff en su día hizo bajo el tanque, esperaría por una milagrosa salida. Pues bien, nos hemos ganado el título de guionista de The Walking Dead honorífico, porque eso es EXACTAMENTE lo que ocurre. La milagrosa escapatoria, por cierto, es una Enid que, tras el ataque de los Wolves, volvió a sobrevivir por su cuenta, a recuperar esas siglas, JSS, ese mantra que tanto y tan bien le sirvió para seguir respirando.

El hecho de salvar a Glenn no significará que las cosas sean fáciles a partir de ahí. Una botella de agua, y cada uno a lo suyo. Por supuesto, el tercer superviviente más longevo de la serie no dejará a la joven pasearse por una zona infestada de zombis y, tras tener sus más y sus menos (pistola de por medio), conseguirá convencer a la “novia” de Carl de que Alexandria (o lo que quede de ella cuando lleguen) es su verdadero hogar. Como viene siendo habitual, el paseo por el bosque servirá para que estrechen sus lazos y consigan unos bonitos globos verdes.

Por su parte, Rick sigue debatiéndose en esa dualidad que lleva arrastrando desde hace temporadas. Ese combate interno entre la humanidad, la moral recta del hombre de la ley que juró proteger y servir a todos los ciudadanos, y el lado oscuro que le dice, con razones (y víctimas) de peso, que la única forma de sobrevivir es acabar con la amenaza y sacrificar a cuantas personas prescindibles sean necesarias por el camino. El sheriff, aún integrado en Alexandria, confía únicamente en los suyos (a excepción del padre “por favor, dadme una escena” Stokes) y considera que el resto de habitantes de la comunidad no valen que su grupo arriesgue su vida. Así se lo deja claro a Tara cuando Spencer intenta convertirse en Solid Snake trepando por una cuerda para alcanzar un coche y acaba transformado en esa raza de personajes que dejarías que los zombis se lo comieran sólo por incompetentes.

Sin embargo, ese ejercicio de audacia de Spencer, las primeras señales de Deanna de levantarse de sus traumas y reconstruir la ciudad, y la ayuda de Tobin para reforzar un muro cuyos agujeros cada vez más preludian el baño de sangre que está a las puertas, demuestran que Rick debería tener esperanza en sus anfitriones. Por ello salvó al hijo de la alcaldesa y no lo sacrificó para salvar a los demás, porque a Alexandria y a él mismo les hacen falta esa esperanza. El verde, también el color de la esperanza, les dará la buena noticia que nosotros ya sabíamos desde el prólogo: Glenn está vivo. Alegría para Rick, Maggie y el resto que durará sólo unos segundos.

Mientras tanto, Ron sigue alimentando nuestras sospechas de que, en algún momento u otro, va a cometer una estupidez que costará vidas. No contento con que el asesino de su padre le enseñe a disparar, ha conseguido que le dejen un arma (descargada, eso sí). Aunque bueno, ya sabemos que la armería en Alexandria (sobre todo si la vigila Olivia) no es precisamente Fort Knox. El inquietante final del episodio, con Ron a la espalda de Carl pistola en mano, promete sorpresa o coitus interruptus por la caída de la torre de vigilancia que abre la puerta a la invasión zombi que, convertida en cliffhanger de la semana, promete vísceras. Aún no me he posicionado sobre quién de los dos debería disparar primero.

Por su parte, Morgan sigue promoviendo la paz y el no asesinato. Tanto que deberá enfrentarse a Michonne, Carol y Rick (que le cuenta que, gracias a él, casi no sale de la caravana, aunque seguimos sin saber nada más de su huída). El hombre del bastón no se amedrenta ante el trío de ases y, no sólo no entra en razón, sino que consigue involucrar a Denise para que cure al Wolve que tiene como prisionero. Carol, como buena señora de vecindario, no se pierde una, y sigue a la doctora y al amigo de Rick para ver qué traman. Entre tanto, una nueva lección para Sam, que piensa que por matar gente te conviertes en zombi. “No Sam, te conviertes en un muerto viviente si no matas”, dice ella. Sin embargo, esa pausa refleja que aún, muy en el fondo, Carol sigue siendo humana y no un Terminator. El que no será nunca uno de ellos es Eugene, que ya no puede coger un machete ni en los entrenamientos. Rosita, que suponemos está un poco tensa porque Ford no aparece, le pondrá los puntos sobre las íes. Harán falta todos los soldados posibles, porque la semana que viene toca rebanar cabezas.

En definitiva estamos ante un episodio de los que podríamos llamar prácticos. Cumplen su misión, sin alardes, sin sorpresas, pero avanzan la trama, establecen los enfrentamientos y sientan las bases de lo que en el midseason finale, a corto plazo, y en toda la temporada a largo, se desarrollará. Hay enfrentamientos internos, vecinos temerarios y algún que otro de aquellos que denominamos “enemigo en casa”. Tenemos respuestas (seguramente, el prólogo de 7 minutos sea lo mejor del capítulo) y un cliffhanger que nos pone los dientes largos antes del parón hasta febrero. Siempre podemos exigir más, pero teniendo en cuenta lo que se viene encima de nuestros protagonistas (lo primero, la torre de vigilancia), nos damos por satisfechos. La próxima semana, eso sí, queremos solomillo del bueno.


"Juanjo Velasco es colaborador de IGN España, lo podéis encontrar en Twitter para hablar de casi cualquier cosa, hasta de zombis"

Chloe Bennett

Chloe Bennett

Culture, Media & Entertainment Columnist

Chloe Bennett explores the intersection of pop culture, streaming entertainment, digital trends, and contemporary lifestyle. Her weekly commentary reaches thousands of culture enthusiasts.

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